March 4, 2003 draft, received May 21 LMH, edited by James Roth 7-15-2003.
Under Construction
La Redención
2. Cristo y las escrituras
Escrito por Leland M. Haines
Goshen, IN, USA
Versión española de Richard del Cristo
Copyright 2003 by Leland M. Haines, Goshen, IN 46526
All rights reserved
____________
Introducción:
Jesucristo no hizo ninguna declaración formal en cuanto a Su punto
de vista de las Escrituras, pero hizo breves comentarios dándonos
a entender que Él tenía un alto concepto de ellas. Siendo que
la revelación de Dios no incluye declaraciones formales en las Escrituras,
tenemos que hallar el punto de vista de Jesús en Sus declaraciones
verbales relatadas en los evangelios y por otros escritores del Nuevo Testamento.
Ahora quisieramos notar qué nos enseña el Nuevo Testamento
sobre las Escrituras. El Nuevo Testamento debe darnos-y sida, nos una idea
en cuanto a su valor. Nuestro concepto y uso de las Escrituras debe ser formado
a base de estas ideas.
El Criterio de Cristo Examinado
Una de las preguntas más importantes que uno se debe hacer es: ¿Cuál
era el concepto de Cristo en cuanto a las Escrituras? La respuesta a esta
pregunta la hallamos en varios versículos del Nuevo Testamento.
Una indicación del criterio de Cristo en cuanto a las Escrituras la
hallamos en Su respuesta a la acusación de los judíos de que
Él había blasfemado al hacerse igual a Dios. En Su respuesta,
Él apeló a las Escrituras y añadió la declaración:
“... la Escritura no puede ser quebrantada” (Jn. 10:35). Cristo creía
que la Escritura es autoritativa. Él no tenía duda en cuanto
a quebrantar o echar a un lado la Escritura, porque es la verdad que Dios
nos ha revelado.
Un testimonio de cómo Cristo veía la autoridad de las Escrituras,
lo hallamos en el relato de su tentación en el desierto, lo cual aconteció
después de un ayuno de carenta días y cuarenta noches. El tentador
le dijo a Cristo: “... Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan
en pan.” A lo que Jesús contestó: “... No sólo de pan
vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios”
(Mt. 4:3, 4; Dt. 8:3). Cada vez que él tentaba a Jesús, las
palabras del maligno eran inefectivas, siendo que Dios había revelado
Su verdad a través de las Escrituras. Jesús introdujo cada
una de Sus respuestas con un: “Escrito está ...” (Mt. 4:7,10). Esta
declaración es frecuentemente usada en la Biblia para referirse a
la Palabra de Dios. Jesús también dijo que debemos vivir por
“toda palabra”, y no sólo por una parte de las Escrituras, sino por
todas sus palabras y enseñanzas.
Jesús hizo otra declaración de que “escrito está”. Cuando
Él purificó el templo, dijo: “Escrito está: Mi casa,
casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis
hecho cueva de ladrones” (Mt. 21:13). En el huerto de Getsemaní, Jesús
le dijo a Sus discípulos que ellos serían dispersados, porque,
“escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño
serán dispersadas” (26:31; Zac. 13:7). Jesús usó las
palabras autoritativas “escrito está” para mostrar que la Palabra
de Dios justificaba Sus acciones. Esta fórmula autoritativa nos muestra
que Él creía que el Antiguo Testamento era la verdad absoluta.
Jesús, también usó las declaraciones: “Oísteis
que fue dicho” (Mt. 5:21,27,31,33,38,43). Estas declaraciones hacían
referencia a la revelación dada por Moisés a los Israelitas.
Ya los discípulos habían escuchado la exposición de
la ley varias veces, pero Cristo iba a darle al hombre un Nuevo Convenio.
A partir de entonces, Sus discípulos tendrían que vivir por
Su “pero yo os digo”. Cuando los saduceos Le preguntaron sobre el matrimonio,
Jesús les replicó: “¿No erráis por esto, porque
ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?” (Mr. 12:24 [Mr. 12:24-27]).
Él, entonces les preguntó: “... ¿no habéis leído
en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza,
diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?”
(v. 26; Ex. 3). Luego Él le dijo a los saduceos que Dios es el Dios
de los vivos, que hubo una resurreción (v. 27). Ellos “erraron grandemente”,
porque no fueron a las Escrituras en busca de respuesta, sino que discutían
entre sí. Jesús confirmó que las Escrituras contienen
la palabra de Dios, y Su Palabra es clara y fácil de entender. Esos
líderes erraron, al igual que todos aquellos que yerran, porque ellos
“ignora[ro]n las Escrituras”.
En cuanto al rico que destruyó sus graneros para construír
otros más grandes, “… Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte
tu alma” (Lc. 12:20). Esta podría ser una paráfrasis de Jeremías
17:11, o algún ejemplo que Jesús mencionó de la historia.
Esto nos indica que Jesús creía que Dios se comunicaba con
el hombre y que tal comunicación es entendible. Si el hombre puede
entender la Palabra hablada, él debe poder entender la Palabra escrita.
En una de Sus oraciones, Jesús dijo que Sus discípulos no son
del mundo, y que, por lo tanto, viven en un nivel mucho más alto.
Él le pidió a Dios el Padre: “Santifícalos en tu verdad;
tu palabra es verdad” (Jn. 17:17). Ellos debían vivir por la verdad,
y esta verdad es conocida porque “tu palabra es verdad”. Ya Jesús
había dicho que “… Dios es veraz” (3:33; 7:28; 8:26) y habló
del “… Espíritu de verdad” (14:17; 16:13). Él dio testimonio
de Sí mismo: “El que viene de arriba, es sobre todos; … Y lo que vio
y oyó, esto testifica; … Porque el que Dios envió, las palabras
de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida” (3:31-34).
Jesucristo le habló a Sus discípulos, las “palabras de Dios”,
y ellos, luego, escribieron esas palabras.
Jesús creía que Dios hablaba a través de Sus profetas,
tales como Moisés y Jeremías, para darle Sus mandamientos a
los hombres. Esto lo vemos en Su respuesta a la pregunta de los escribas
y fariseos sobre el quebrantamiento de las tradiciones de los ancianos. Jesús
les preguntó: “… ¿Por qué también vosotros quebrantáis
el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó
diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la
madre, muera irremisiblemente” (Mt. 15:1 7; Ex. 20:12; Jer. 35:18,19).
Jesús continuó revelándoles Su criterio de las Escrituras
en la parábola de Lázaro y el rico. El rico le pidió
a Abraham que le advirtiera a sus hermanos para que ellos no tuvieran que
ir al infierno, el lugar de tormento. Cristo continúa el relato diciendo:
“Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.
Él [el rico] entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere
a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo:
Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán
aunque alguno se levantare de entre los muertos” (Lc. 16:29-31; vv.
19 28). Mediante este incidente, Jesús apoyó el criterio de
Abraham de que las Escrituras bastan para redimir al hombre, y que si los
hombres no quieren creer en ellas, no serán persuadidos. Jesús
vió a las Escrituras como el medio más eficaz para revelar
el Camino.
En otra ocasión, Jesús expresó este punto de vista diciéndoles
a los Judíos: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros
os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que
dan testimonio de mí. … Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais
a mi, porque de mí escribió él. Pero si no creéis
a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras? (Jn.
5:39,46,47). Las Escrituras del Antiguo Testamento dan testimonio de Cristo
y tienen el mismo valor que Sus propias Palabras -deben ser creídas.
Jesús afirmó que las Escrituras son autoritativas y dignas
de confianza, para que las creencias de los hombres sobre Él mismo
y Su misión redentora puedan ser directamente atadas a ellos.
Jesús y el Registro Histórico de las Escrituras
Jesús hizo varias referencias a los registros históricos hallados
en las Escrituras. Varios de ellos nos han sido dados más abajo para
ayudarnos a entender Su concepto de las Escrituras.
Jesús le dijo al leproso que había limpiado que se mostrara
“… al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés” (Mt.
8:4), dando a entender que Él aceptaba los mandamientos de Moisés.
Al referirse a la fe del centurión, Jesús dijo: “Y os digo
que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán
con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos” (Mt. 8:11), dando
a entender que él aceptaba los hechos históricos de los patriarcas.
Siendo que muchos no se arrepentían, ni siquiera al ver los muchos
milagros de Jesús, Jesús les dijo: “¡Ay de ti, Corazín!
¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran
hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran
arrepentido” (Mt. 11:21). Varios profetas del Antiguo Testamento han hablado
en contra de Tiro y de Sidón (Is. 23:1 18; Jer. 25:22; 27:1 11; Ez.
26:1 28:19; Jl. 3:4 8; Am. 1:9 10), porque estas ciudades explotaban a sus
vecinos y eran centros de idolatría, causando así el juicio
de Dios sobre ellas. Cuando el Mesías vino a estas ciudades, ellas
siguieron el ejemplo de sus padres y no se arrepintieron. Y al referirse
a estas profesías del Antiguo Testamento, Jesús dio a entender
que Él aceptaba la versión de la evaluación de los profetas
en cuanto a estas ciudades.
Cuando los fariseos interrogaron a Jesús y a Sus discípulos
sobre arrancar y comer espigas en el día de reposo, Jesús les
dijo: “… ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando
él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró
en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que
no les era lícito comer ni a él ni a los que con él
estaban, … ¿O no habéis leído en la ley, cómo
en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día
de reposo, y son sin culpa?” (Mt. 12:3,5). La apelación de Jesús
a la ley nos da a entender que Él aceptó su informe sobre la
vida de David y la de los sacerdotes, y que Su acción y la de Sus
discípulos de recoger y comer espigas en el día de reposo era
propio.
Cuando los fariseos pidieron señal, Jesús les dijo: “Porque
como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres
noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón
de la tierra tres días y tres noches. Los hombres de Nínive
se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán;
porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás” (Mt.
12:40; Jon. 1:2,17; 3:5). Luego, cuando los fariseos y saduceos volvieron
a pedir señal, Jesús les dijo a esa generación perversa
que “señal no le será dada, sino la señal del profeta
Jonás” (Mt. 16:4). Ambas de estas respuestas son comentarios de Jesús
y no de Mateo. Jesús sabía la historia de Jonás y de
cuando fue a Nínive, e hizo referencia directa de Jonás 1:17.
El uso que Jesús le dio a esta historia muestra que Él aceptó
los acontecimientos que rodearon el ministerio de Jonás como hechos
históricos; y así como Dios milagrosamente preservó
a Jonás, también milagrosamente resucitaría a Su Hijo.
Los comentarios que Jesús hizo dan a entender que Él sabía
que el relato de Jonás es verídico, y Jesús estaba dispuesto
a unir Su propio ministerio al de él.
Cuando a Jesús le preguntaron sobre el matrimonio, Él se refirió
al relato de Génesis: “¿No habéis leído que el
que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?” Jesús
aceptó el relato de la creación como literalmente verídico.
Él, entonces, dijo: “… por esto dejará el hombre a su padre
y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola
carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por
tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mt. 19:4 6; Gn.
1:26-28; 2:23,24). Jesús creía que Dios había instituido
el matrimonio en la creación del hombre, y que el libro de Génesis
prueba que el plan de Dios es que los lazos matrimoniales sean permanentes
y que ningún hombre se atreva a romperlos. Los fariseos Le preguntaron
que por qué Moisés había permitido la “carta de divorcio”.
Jesús les dijo que fue por “… la dureza de vuestro corazón
[que] Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al
principio no fue así” (Mt. 19:7, 8; Dt. 24:1 4). Jesús creía
en el relato de Moisés, y en que la revelación tuvo un
principio. Esto también muestra que Jesús aceptaba a Moisés
como el autor de Deuteronomio.
En la respuesta de Jesús a los saduceos sobre la pregunta de la resurreción,
Él les preguntó: “… ¿no habéis leído lo
que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios
de Isaac y el Dios de Jacob?” (Mt. 22:31, 32; Mr. 12:26; Lc. 20:37; Ex. 3:6,16).
Cuando los saduceos interrogaron a Jesús, ellos dijeron: “Moisés
dijo”. Pero Jesús fue más lejos aún, preguntándoles
que si no habían leído lo que “os fue dicho por Dios”. Jesús
aceptó al Antiguo Testamento como algo más que palabras de
hombres; era el testimonio de la revelación de Dios. El modo de hablar
de Jesús da a entender que Él aceptó el relato del Éxodos
sobre los patriarcas como históricamente verídico.
Jesús les hizo una pregunta a los fariseos sobre el Cristo y de- quién
es hijo: “Él les dijo: “¿Pues cómo David en el Espíritu
le llama Señor, …?” (Mt. 22:43; Sal. 110:1). En referencia a este
salmo, Jesús reconoció que David fue dirigido por el Espíritu,
haciéndo razonable creer que estos escritos fueron inspirados por
el Espíritu.
Cuando un intérprete de la ley preguntó sobre el gran mandamiento
en la ley, Jesús hizo referencia a la revelación de Moisés
en Deuteronomio. Jesús respondió: “… Amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.”
Y entonces, Él dio el segundo mandamiento: “… Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”
(Mt. 22:34-40; Lv. 19:18; Dt. 6:5). Estos escritos nos dan a entender que
Jesús aceptó los escritos de Moisés, y la referencia
de “la ley y los profetas” nos da a entender que Él aceptó
todo el Antiguo Testamento.
Con un “¡ay!”, dirigido a los escribas y fariseos, Jesús mencionó:
“… desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo
de Berequías” (Mt. 23:35; Gn. 4:8; II Cr. 24:20-22), indicando que
Él aceptaba las narraciones detalladas del Antiguo Testamento concerniente
a la muerte inocente de estos dos hombres justos halladas en Génesis
y Crónicas.
Cuando Jesús le habló a Sus discípulos sobre Su segunda
venida, les dijo: “… cuando veáis en el lugar santo la abominación
desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee que entienda)”
(Mt. 24:15; Dn. 9:27; 11:31; 12:11). Hoy hay muchos críticos que dudan
sobre el libro de Daniel porque no están dispuestos a aceptar las
implicaciones de sus profecías. Ellos creen que el libro debió
haber sido escrito después de los acontecimientos, porque no hay duda
de que algunas de sus profecías concernientes a los eventos principales
del mundo se hayan cumplido. La opinión de estos críticos es
opuesta a las creencias de Jesús. Él aceptó como fidedignos
tanto el libro como sus profecías.
Luego, al hablar de Su Segunda venida y del día y la hora de la misma,
Jesús dijo que sólo el Padre lo sabía. Entonces
dijo: “Mas, como en los días de Noé, … Porque como los días
antes del diluvio …, hasta el día en que Noé entró en
el arca” (Mt. 24:37,38), dándonos a entender que Él aceptaba
los hechos históricos de Noé, el arca, y el diluvio.
Jesús y las Profecías
A través de todo Su ministerio, Jesús cumplió muchas
profecías. En el sermón del Monte, Él dijo: “No penséis
que he venido para abrogar la ley y los profetas; no he venido para abrogar,
sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo
y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que
todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos
mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres,
muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera
que los haga y los enseñe, éste será llamado grande
en el reino de los cielos” (Mt. 5:17 19).
Después de Su resurreción, camino a Emaús, Jesús
les dijo a dos de Sus discípulos que “La ley y los profetas eran hasta
Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan
por entrar en él. Pero más fácil es que pasen el cielo
y la tierra, que se frustre una tilde de la ley” (Lc. 16:16,17). Luego dijo
que no sólo la ley debía cumplirse, sino todo el Antiguo Testamento:
“… era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí
en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.” Entonces, Él
“… les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras”
(Lc. 24:44,45). Cristo sostenía que todas las Escrituras eran fidedignas,
aún el más pequeño de los signos, la jota y la tilde;
también les dijo que Él cumpliría todas las Escrituras.
Jesús le habló al pueblo acerca de Juan el Bautista, y lo identificó
como “… éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío
mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante
de ti” (Mt. 11:10). Cuando llegó el tiempo de la aparición
del Mesías, un precursor vino a preparar a la gente para que supieran
lo que iba a suceder. En el Antiguo Testamento, unos 450 años antes
de la llegada de Juan, Malaquías profetizó sobre este precursor.
Después de la Transfiguración, los tres discípulos
preguntaron sobre la venida de Elías. Parece que estos discípulos
no sabían nada de la pasada Transfiguración porque Jesús
le había dicho a los tres que no dijeran lo de la visión. “…
A la verdad Elías viene primero, y restaurará todas las cosas”
(Mt. 17:9-13; Mr. 9:11 13; Lc. 1:17; 3:1 6). La profecía concerniente
a Elías es veraz: “He aquí, yo envío mi mensajero, el
cual preparará el camino delante de mí.” Fue profetizado en
el último libro del Antiguo Testamento (Mal. 3:1; comp. 4:5, 6). En
un sentido, Juan el Bautista era Elías -el que llamó al pueblo
al arrepentimiento y a volver a Dios.
Cuando Jesús lamentó sobre Jerusalén, Él citó
los salmos sobre Su segunda venida: “Bendito el que viene en el nombre del
Señor” (Mt. 23:39; Sal. 118:26), dando a entender que aceptaba este
libro.
En los últimos días de Su vida sobre la tierra, Jesús
habló sobre los eventos futuros y mostró cómo cumpliría
las Escrituras. En la última Cena, Él dijo: “… el Hijo del
Hombre va, según está escrito de Él.” Luego, cuando
Él fue al monte de los Olivos, dijo de Sus discípulos que:
“… os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está:
Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas” (Mr. 14:27;
Zac. 13:3). Entonces uno de los discípulos hizió al siervo
del sumo sacerdote, cortándole la oreja. Jesús reprendió
a tal discípulo. Él dijo que Él podría llamar
a doce legiones de ángeles para que lo defendieran, pero que no lo
haría, porque “¿… cómo entonces se cumplirían
las Escrituras, …? (Mt. 26:54).
Jesús le dijo a Sus discípulos, los que fueron a la tumba el
lunes después de la resurreción: “¡Oh, insensatos, y
tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No
era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les
declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lc.
24:25-27). Así es que Jesús aceptó a Moisés,
los profetas, y a todas las Escrituras como ciertas.
Jesús y el Antiguo Testamento
Con frecuencia, Jesús hacía Jesús referencia o citaba
las Escrituras del Antiguo Testamento para apoyar Sus enseñanzas.
Él les recalcó a los líderes judíos: “… bien
profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios
me honra; mas su corazón está lejos de mí ...”, dando
a entender que Él aceptaba las profesías de Isaías (Mt.
15:7,8; Is. 29:13). Estos líderes eran tan hipócritas como
los de la generación de Isaías, y Jesús citó
a Isaías para apoyar su punto.
Después de haber sanado a muchos en Jerusalén, en Su última
semana, los niños gritaban: “… ¡Hosanna al Hijo de David!” Pero,
los principales sacerdotes y los escribas se indignaron por esto. Y Jesús
les preguntó: “… Sí; ¿nunca leísteis: De la boca
de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” (Mt.
21:15,16; Sal. 8:2). Estos líderes ignoraban que la acción
de estos niños era tanto correcta como posible. Jesús tuvo
que llevar a esos escépticos a las verdades del Antiguo Testamento
para indicarles que esos niños podían alabar a Dios.
Poco después, Jesús, en una parábola sobre la viña
y el vallado, preguntó: “… ¿Nunca leísteis en las Escrituras:
La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la cabeza del ángulo?
El Señor ha hecho esto, ¿y es cosa maravillosa a nuestros ojos?”
(Mt. 21:42; Sal. 118:22,23). Estos detalles profetizados en el Antiguo Testamento,
serían cumplidos por Él. Cuando el Sanedrín pronunció
juicio sobre Jesús, el Mesías, y lo entregaron a los romanos
para darle muerte, poco sabían ellos que Éste Rechazado vendría
a ser la Cabeza del Nuevo Convenio.
Jesús no nos dejó una declaración formal de Su criterio
de las Escrituras, pero sabemos cuál es Su criterio por algunos eventos
que ocurrieron en Su vida. Las Escrituras de arriba nos dan a entender que
Jesús creía que las Escrituras eran verídicas y autoritativas
aún en los más diminutos detalles. Todas Sus declaraciones
sobre las Escrituras enfatizaban Su único pensamiento de que: “...
las Escrituras no pueden ser quebrantadas”.
¡SOLI DEO GLORIA!
Leland M. Haines
Richard del Cristo
English draft: (29-4-03)

You are welcome to make copies of the above article provided you show the copyright information and bibleviews.com source.
We welcome your comments and suggestions. Send then to the Webmaster.
This page is presented by:
Biblical Viewpoints Publications
63100 County Road 111
Goshen, IN 46526
Phone: 574-875-8007
Return to Home Page
May God's grace and peace be with you as you study His Word.
visitors since July 16, 2003
